Si has avistado un animal de aspecto curioso en tu jardín o has escuchado hablar de su capacidad para “fingir la muerte”, es muy probable que estés ante una zarigüeya marsupial. A menudo confundidas erróneamente con roedores, las zarigüeyas son en realidad marsupiales, un grupo de mamíferos que se distingue por completar su desarrollo en una bolsa externa o marsupio.
En esta guía conocerás a fondo la biología de estos animales. Exploraremos las principales especies del género Didelphis, analizaremos las características anatómicas que las hacen tan exitosas en la supervivencia y explicaremos su comportamiento único, incluyendo el fenómeno de la tanatosis. El objetivo es proporcionarte información científica y práctica para comprender su importancia ecológica y cómo interactuar con ellas de forma segura.
Especies y diversidad del género Didelphis
La clasificación de las zarigüeyas suele generar confusión debido a su amplia distribución en el continente americano. Para entenderlas, es necesario precisar que pertenecen al género Didelphis. Aunque existen diversas especies del género Didelphis, la mayoría de los encuentros en entornos tanto rurales como urbanos se producen con dos tipos principales.
| Especie | Nombre común | Distribución principal |
|---|---|---|
| Didelphis virginiana, la zarigüeya de Virginia | Zarigüeya de Virginia | América del Norte (climas diversos) |
| Didelphis marsupialis | Zarigüeya común o sudamericana | Centro y Sudamérica |
| Didelphis albiventris | Zarigüeya de vientre blanco | Regiones de América Central |
| Didelphis imperfecta | Zarigüeya imperfecta | Áreas específicas de América |
| Didelphis pernigra | Zarigüeya de cara negra | Zonas tropicales |
Es importante destacar que, según la Lista Roja de la UICN, la mayoría de estas especies se clasifican como de menor preocupación. Esto se debe a su enorme resiliencia y capacidad para adaptarse a entornos modificados por el ser humano, lo que las convierte en habitantes comunes de zonas residenciales y en un ejemplo claro de omnívoro oportunista en pleno funcionamiento.
Anatomía funcional para la supervivencia

La morfología de la zarigüeya no es producto del azar, sino una serie de adaptaciones evolutivas que les permiten ser especialistas en la exploración y la supervivencia en entornos variados.
La cola prensil
A diferencia de muchos otros mamíferos, poseen una cola prensil que funciona como una “quinta extremidad”. Esta estructura les permite sujetarse con firmeza a las ramas, facilitando su desplazamiento en altura y proporcionando un equilibrio excepcional durante la escalada.
Sentidos especializados
Su hocico es alargado y cuenta con vibrisas de la zarigüeya (pelos sensoriales) altamente sensibles. Dado que tienen hábitos predominantemente nocturnos, estas vibrisas son esenciales para navegar en la oscuridad y detectar la presencia de alimento mediante el tacto y la percepción de corrientes de aire.
Dimorfismo sexual
En la anatomía de la zarigüeya se observa un dimorfismo sexual marcado, lo que significa que existen diferencias físicas notables entre sexos. Generalmente, los machos presentan un tamaño significativamente mayor y una estructura más robusta que las hembras.
Comportamiento, dieta y el fenómeno de la tanatosis
Las zarigüeyas son animales con un estilo de vida muy particular que les permite ocupar nichos ecológicos sin generar excesiva competencia por los recursos.
Hábitos y alimentación
Son animales solitarios y territoriales. Su dieta es omnívora oportunista, lo que significa que no dependen de un solo tipo de alimento. Pueden consumir desde frutos y vegetales hasta insectos, pequeños vertebrados y carroña. Esta versatilidad alimentaria es una de las razones principales de su éxito en entornos urbanos y explica por qué se les considera controladores de plagas naturales.
La tanatosis o el “fingir la muerte”
Uno de los comportamientos más famosos —y peor comprendidos— de la zarigüeya es la tanatosis, es decir, fingir la muerte. Lejos de ser una actuación consciente o una estrategia de engaño voluntaria, se trata de una respuesta fisiológica involuntaria.
Cuando el animal se enfrenta a un estrés extremo o un peligro inminente del que no puede escapar, entra en un estado catatónico. En este estado, el cuerpo reacciona de forma automática, dejando al animal inmóvil para pasar desapercibido ante depredadores que, por instinto, suelen buscar presas que estén vivas o en movimiento.
Convivencia segura y consideraciones sanitarias
Aunque las zarigüeyas cumplen una función ecológica vital como controladores de plagas (consumiendo insectos y otros animales nocivos), su naturaleza salvaje exige que la convivencia se gestione con precaución.
Prevención de riesgos de salud
Las zarigüeyas son animales silvestres y, como tales, pueden ser portadoras de diversos agentes patógenos. Se ha documentado que algunas especies pueden transmitir enfermedades como el mal de Chagas, por lo que conviene conocer las enfermedades transmitidas por zarigüeyas antes de interactuar con ellas. Por ello, la regla de oro es evitar el contacto directo y la manipulación de los ejemplares.
Consejos para el hogar y el jardín
Para evitar encuentros incómodos o riesgos de salud en zonas residenciales, se recomienda seguir estas pautas:
- Gestión de residuos: Mantener los contenedores de basura orgánicos herméticamente cerrados. Esto evita que las zarigüeyas se sientan atraídas por los restos de comida en zonas habitadas.
- Distancia de seguridad: No intente capturar o mover a una zarigüeya por su cuenta. Si se siente acorralada, su comportamiento puede volverse impredecible.
- Intervención profesional: Si una zarigüeya se encuentra dentro de una vivienda o en una situación de riesgo, lo ideal es permitir que se retire por sus propios medios o contactar a los servicios locales de control de fauna silvestre para una convivencia segura con zarigüeyas.
Respetar su espacio es la mejor manera de valorar su papel en la biodiversidad y garantizar la seguridad tanto de los animales como de las personas.
